Felizmente, Abbie no fue intoxicada con corticoides

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May 2800, 2012

Como veterinario, director científico de Arcanatura y declarado amante de los West Highland White Terriers, quiero compartir la manera como traté la eccema de Abbie sin tener que recurrir a anti-inflamatorios basados en esteroides.

Debo admitir que soy un fan de los West Highland White Terriers, los Westies. De ellos me seduce su aspecto y personalidad valiente. Cada vez que me disponía a jugar con Abbie en tiempos en que ella era cachorra, como veterinario sabia que tarde o temprano ella tendría que lidiar con problemas de la piel. En efecto, los Westies son una de las razas más sensibles y propensas a desarrollar una condición conocida como dermatitis atópica u eczema: alergia en la piel acompañada de picazón. Como yo sabía que esta raza tiene una predisposición genética a este problema de la piel, empecé a prepararle la comida en la casa utilizando productos frescos, además, la cepillaba todos los días para evitar la adherencia de parásitos ya que a ella le gustaba pasar el tiempo en el jardín. También se estimo oportuno optar por una frecuencia de aseo de cada seis semanas. Con estos sencillos procedimientos Abbie vivió feliz y sin problemas durante los cuatro primeros años de su vida.

Pero en la primavera posterior al cuarto año de vida, Abbie empezó a lamer y mordisquear eventualmente los extremos de las piernas, con algo más de ansiedad en las horas de la noche. No mucho tiempo después, empezó a frotarse la cara y la espalda contra la hierba. Al examinarla, notaba que algunas manchas rojas aparecían y desaparecían rápidamente de su vientre. Por último, apareció el síntoma definitivo: una lesión dolorosa, de color rojo y con secreción. Esta lesión respondió bien a un baño con agua fría y la aplicación de una pomada de caléndula, sin embargo, yo sabía que Abbie había desarrollado dermatitis atópica y que debía hacer algo si quería controlar esta enfermedad de forma definitiva y evitar que ella sufriera y llevara una vida infeliz.

Como yo sabía que los efectos secundarios del uso de corticoides como anti-inflamatorios eran nefastos, tenía totalmente decidido no utilizarlos en el tratamiento de Abbie. En su lugar, empecé a suministrarle diariamente un suplemento dietético que contenía una dosis alta -20 mg/Kg.- de omega-3 DHA. Coincidencialmente, en aquel tiempo yo me encontraba trabajando en el desarrollo de un nuevo champú anti-picazón que contenía una mezcla de extractos de ortiga y la caléndula, plantas conocidas por sus efectos anti-inflamatorios. El champú Incluía además, surfactantes naturales derivados del coco y la yuca en adición a  emolientes tales como glicerina vegetal y miel. Abbie fue uno de los primeros pacientes en recibir este nuevo tratamiento. Empecé con varios baños a la semana por algún tiempo, y como era obvia su mejoría, empecé a espaciar los lavados hasta llegar a la frecuencia de un baño cada diez días. Hoy, además de aplicarle el champú, le suministro una dosis diaria de 10 mg/Kg de omega-3 DHA. Desde la aparición de la primera lesión han transcurrido tres años, durante los cuales Abbie ha llevado una vida feliz y ha podido olvidarse totalmente de su dermatitis atópica.